Deambulé toda la semana, caminando rincones, acostumbrándome a las voces, los sonidos del barrio… y de pronto, me topé con aquél bar achatado, encajado en la plaza, en la cima de la “Palma”: EL BAR DE DAVID.

barDavid

Allí conocí al Tío Paco, tío de todos, y ahora, tío mío también. Me contó que fue de los primeros en llegar, presume y se emociona de su pasado, de los logros conseguidos: tres hijos, tres nietos. Fue carnicero, y antes de eso, torero,  y de una historia a otra se le llenaron los ojos de lágrimas, “de emoción, de alegría Marina… son muchos años, muchas cosas, yo he visto todo esto”

tio paco

Ha visto las tardes de verano y las barbacoas infinitas donde cada vecino bajaba y ponía “lo que tenía”, vio los juegos de niños en la calle, los limoneros de la Virreina, sabe lo que es jugar al fútbol en el descampado “en donde el Carrefour”, de cuando entraron por primera vez en la casa: “vivíamos en el Palo, en las cuatro esquinas, en barracones Marina (…) cuando llegamos aquí no había agua ni luz pero éramos felices, ¡la casa tenía tres habitaciones!…”

Al final, el Tío Paco se secó las lágrimas e insistió en pagarme al café.