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Pensé yo, que si desde el puente de Palma Palmilla, a la playa más cercana hay unos 4 km, debió haber uno o más marineros que decidieron hacer este altarcito en mitad de la calle. Que pusieron piedra a piedra hasta dibujar el ancla, que arrastraron esas conchas (cuando las playas eran más que arena negra y polvo) hasta tierra firme, alguien, que decidió poner a la Virgen del Carmen en un altar en la plaza frente a su casa, buscarle flores y quizá, rezarle también.

Hay una tienda a la vuelta de la esquina, 40 años lleva allí Carmen, su propietaria. Al parecer hubo un señor que trabajaba en el ayuntamiento arreglando los jardines, él había sido pescador y como buen marinero adoraba a la virgen del mar. Él murió hace tiempo, pero una vecina del tercer piso del mismo bloque donde Carmen vende sus batas, toallas y jabones se encarga de mantenerlo limpio.

Todo el altar esta rodeado por una reja verde y alta, hay una puerta cerrada con un candado en el frente. Junto a la puerta hay una especie de columna acabada en forma de sombrero al revés donde la gente puede colaborar con una moneda…

¡Vivan las intervenciones vecinales!

¡Viva la Virgen del Carmen!