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En la entrada de la casa una pintada,”moros fuera”, da la bienvenida junto a sillas, trozos de peluca y desperdicios que varian según el día…  Sobre la misma mesa comen y estudian los niños, a la luz de una bombilla mal colocada en un techo infinito donde enfocan los ojos sobre sus libros y papeles terminando los deberes para el día siguiente. Mohamed ha sacado un 9 en matemáticas y Fatima ha recuperado 5 asignaturas de 10.

Con una sonrisa recuerdan la casa de Larache. Es amplia y preciosa, ahora ya tiene dos plantas…

Y ella.

Ella cuida de su último hijo, que no puede estudiar, está enfermo, no se concentra, no memoriza pero habla, sonríe y curiosea. Sus manos atentas y hospitalarias acompañan la vida de sus tres amores… y el futuro, el futuro quién sabe…