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A veces me gusta caminar de noche por Palma Palmilla. Después de un día largo, la oscuridad de las calles, el silencio y la intimidad de la gente en sus casas es una sensación que agradezco justo antes de marcharme a la mía… Desde el primer día me llamó la atención la cantidad de colores que iluminan las ventanas al anochecer. Me fascinan esos colores que van desde el rojo, al morado, infinitas gamas de blancos y amarillos, azules, verdes… me pregunto si serán las bombillas, las paredes, las cortinas… sea como sea, me gusta. Pienso para mis adentros que deben ser las circunstancias de cada cual las que encienden de un color distinto esas ventanas.

La noche llega y las farolas colorean de amarillo un barrio que nunca se cansa, que despierta cada día con ganas de más, así me imagino yo esas vidas escondidas detrás de las paredes .