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“Yo les devolveré la salud, los curaré y sanaré y les haré ver abundancia de paz y seguridad. Cambiaré la suerte de Judá y la de Israel, y los restableceré como antes. Los purificaré de todos los crímenes que han cometido contra mí, les perdonaré todos los crímenes con los que me ofendieron y me despreciaron.” Jeremías 33.

Recuerdo esa primera vez. Llegué aquél lugar, llano, al borde de un precipicio de palmeras y edificios lejanos. Todos nos mirábamos, cansados de ver, con alegría y recelo a la vez. Nos reconocimos, como los animales se huelen y tocan… recuerdo que nos desbordábamos en palabras, en historias, en recuerdos de victoria y superación. Apunté: “Jeremías 33”.

Todos necesitamos palabra y amor, refugio de nuestros actos y pensamientos. Me imagino perdida en busca de un poco de luz, vencida por todos mis errores, desesperada de consuelo, aislada del mundo en algún rincón. Ahora, parece haber llegado algo de paz. Y recuerdo el llano, la luz, sus manos moverse, su piel morena, sus ojos perdidos, su cuerpo grande y frágil, como he dicho antes, en busca de luz…